Leon E. Rosenberg: Una vida dedicada a la Genética Humana

Leon E. Rosenberg, profesor de Genética en la Universidad de Princeton y reconocido especialista en Genética Humana relata en la revista Annual Review of Genomics and Human Genetics, cómo pasó de ser un estudiante de medicina, en una época en la que no existía, o mejor dicho, no se reconocía la Genética Médica como disciplina, a convertirse en una de las personas más influyentes en el campo de la Genética Médica y Humana.

Rosenberg inicia su relato en 1959, cuando en vísperas de terminar su primer año de residencia médica en el Hospital Presbiterano de Columbia, Nueva York, decidió presentarse como candidato para un puesto de clínico asociado en el Instituto Nacional de Salud, en Bethesda, Maryland. Allí, Rosenberg trabajó en el Servicio de Metabolismo del Instituto Nacional del Cáncer donde, un caso clínico específico cambió para siempre el curso de su carrera. El caso en concreto era el de un niño cuyo desarrollo había sido normal hasta los tres años, pero que a partir de ese momento y al igual que tres de sus hermanos (dos niños y una niña), había experimentado una atrofia muscular junto con otros síntomas graves que acabaron con su vida. Pensando que podía tratarse de una enfermedad genética, Rosenberg analizó la orina y detectó alteraciones en la composición de los aminoácidos de la orina del niño y sus hermanos fallecidos. Del mismo modo, al encontrar que el patrón de aminoácidos de la niña era diferente del de los hermanos, Rosenberg obtuvo la confesión de la madre de que el padre de su hija no había sido su marido. Con este caso Rosenberg reconoce que descubrió que plantear cuestiones clínicas tras observar a los pacientes era similar al trabajo realizado por un detective, algo que impulsó su interés en los desórdenes hereditarios y le llevó a trabajar en el laboratorio de Stanton Segal, donde formando equipo realizaron importantes contribuciones sobre el transporte de aminoácidos en el riñón.

Tras este periodo, Rosenberg decidió acabar su residencia como médico y obtuvo una plaza en el hospital Yale-New Haven. Durante esta época Rosenberg confiesa que su etapa como investigador había cambiado por completo su aproximación a los pacientes. Además de hacer preguntas sobre el diagnóstico o cómo tratar a los pacientes, Rosenberg preguntaba cómo había ocurrido y qué genes estaban implicados. Por aquel entonces la genética en la medicina se basaba principalmente en los desórdenes monogenéticos y cualquier sugerencia sobre la disciplina Genética Clínica era asociada a desórdenes mendelianos o alteraciones cromosómicas. Además,  Rosenberg actúo como consejero genético en un par de casos, pese a la oposición generalizada de otros médicos que consideraban que la responsabilidad como médico era ocuparse únicamente del paciente, y que el consejo genético era “jugar a ser Dios”.

Durante su ausencia del Instituto Nacional de Salud, su laboratorio siguió investigando y profundizando en los errores congénitos del metabolismo, en concreto, en determinadas condiciones derivadas de los defectos en el transporte de aminoácidos. El equipo pudo confirmar así, que pacientes con cistinuria tenían un defecto específico en el transporte de aminoácidos dibásicos en el riñón e intestino y que el aminoácido cistina tiene su propio sistema de transporte.

Ante la falta de una especialidad dedicada a la genética clínica, Rosenberg decidido a aumentar su formación en esa dirección, asistió a algunas clases del programa de genética del Departamento de Medicina del Johns Hopkins, dirigidas por Victor McKusick, quien era, en palabras de Rosenberg “una enciclopedia andante de desórdenes hereditarios” y quien más tarde iniciaría el conocido Catálogo Online de Genes Humanos y Desórdenes Genéticos, OMIM. Acabada su residencia, la intención de Rosenberg era continuar investigando, esta vez en su propio laboratorio, por lo que aceptó una oferta de la Universidad de Yale donde se acababa de inaugurar una pequeña sección de Genética Médica.  En esta etapa, el equipo de Rosenberg descubrió que la cistinuria es una enfermedad con heterogeneidad genética, además de contribuir con diferentes trabajos en el estudio de la homocistinuria.

Preocupado por no contribuir a la educación de los estudiantes de medicina Rosenberg comenzó a ejercer también de médico adjunto en pediatría, lo que favoreció la aparición de una sección interdepartamental de medicina genética para la cual fue nombrado director. Gracias a esta colaboración, Rosenberg hizo historia, junto con otros miembros de la Unidad de Pediatría al identificar un síndrome causado por la deficiencia en la enzima ornitina transcarbamilasa (OTC) y su asociación al cromosoma X. El hallazgo tuvo consecuencias directas en la práctica clínica ya que marcó el protocolo clínico de acción ante determinados casos de coma en niños de muy corta edad, que a partir de entonces serían sometidos a la realización de pruebas de intoxicación por amonio. Del mismo modo, su equipo llevó el primer caso en el que un paciente con un desorden hereditario relacionado con el metabolismo de la vitamina B12 respondía de forma favorable a la suplementación con dicho cofactor y contribuyó al establecimiento de que más de 20 desórdenes hereditarios diferentes tienen formas que responden al tratamiento con vitaminas. Dichas investigaciones facilitarían el diagnóstico prenatal y postnatal de diversas condiciones.

Al rememorar la etapa de 1960 a 1980 como su etapa más prolífica a nivel científico, Rosenberg indica que hizo las preguntas correctas y encontró la forma de responderlas. Dichas respuestas llevarían a otras preguntas que tanto él como su equipo se concentraron en resolver. Su trabajo llevó a la fundación de la cátedra del Departamento de Genética Humana en Yale, primer departamento en Estados Unidos integrado tanto por investigadores clínicos como investigadores de ciencia básica, siendo un modelo a seguir por otros departamentos.

Rosenberg fue elegido presidente de la Sociedad Americana de Genética Humana en 1980. En su discurso del congreso anual de la sociedad de ese año se incluían las siguientes palabras: “Recordad que el campo de la genética humana promete ser tanto o más excitante en los años 80 y 90 como en los 60 y 70, y sería una pena para cualquiera de vosotros perderse la diversión”. Rosenberg afirma que dichas palabras se mantienen vivas y reflejan la situación que se vive actualmente en la disciplina.

En lo que constituiría otro momento crítico para la gran revolución de la genética, en 1986, Rosenberg fue consultado por el comité de la Academia Nacional de la Ciencia sobre la participación de Estados Unidos  en una nueva empresa denominada “Proyecto Genoma Humano”. En aquel momento, la idea era controvertida, no obstante, la respuesta unánime de los expertos consultados fue positiva, iniciándose así un proyecto de gran envergadura que haría historia y contribuiría en gran manera a la ciencia y a la sociedad.

Rosenberg, que en la actualidad continúa siendo profesor del curso de genética humana “Genes, Salud y Sociedad” en la Universidad de Princeton, reconoce su carrera clínica, académica y sobre todo, científica, como una odisea que le ha permitido obtener una amplia visión sobre la genética médica, en la que ha podido llevar a cabo importantes contribuciones gracias al trabajo en colaboración con múltiples colegas de profesión. Concluye el relato de su vida profesional señalando lo afortunado que se siente de poderse llamar “genético humano” y afirmando que esa es una medalla que llevará feliz y orgullosamente en tanto continúe su odisea.

Referencia: Rosenberg LE. DNA and other strands: the making of a human geneticist. Annu Rev Genomics Hum Genet. 2014 Aug 31;15:1-26. doi:10.1146/annurev-genom-090413-025505.

 

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